Lo que sangra

Lo que sangra

A muchos la realidad social del último tiempo les ha recordado lo que ocurrió en Argentina el 2001. Estallidos sociales que hacen su símil con los hechos que antecedieron al ya mítico episodio de Fernando de la Rúa saliendo en helicóptero de la Casa Rosada. Lo anterior, da para pensar en la posibilidad de que lo mismo ocurra en nuestra angosta franja de tierra.

Descontento con las medidas económicas, que no tienen porque ser las mismas que se aplicaron en Argentina en donde se imposibilitó el retiro de dinero (acá no es el hecho de poder sacar las lucas, es que nos quieren obligar a entregarlas a destajo), y una grave falta de aprobación a la clase política reflejada en las encuestas para ambas coaliciones.

Sin embargo, me he cuestionado la posibilidad de que una poderosa manifestación termine por atacar definitivamente la institucionalidad de este país como algo posible. Al menos, al día de hoy, no me imagino a la gente en la Plaza de la Constitución tratando de llegar a la Moneda.

Históricamente, el pueblo chileno ha dudado de algo: de tener la capacidad de hacer tambalear a la institucionalidad; como si se tratara de cosas propias de países inferiores al nuestro. Se lo ve como algo ajeno: que aun en las últimas consecuencias el chileno es respetuoso, solidario.

A la mierda la institucionalidad, yo digo.

Cuando esta institucionalidad no está respaldada por la ciudadanía pierde validez en el momento en que empieza a impulsar medidas que solo son para su conveniencia, que no refleja el sentir del pueblo, que impiden el desarrollo humano y social, que privilegia lo religioso por sobre lo cívico.

¿Acaso no se nota que la gente ya no legitima una cúpula política? ¿Que la gente ya no quiere tener que elegir solamente entre dos coaliciones que están solo divididas por donde se juntan a comer? Aquella invitación a llevar al diálogo al Congreso es tan solo una forma desesperada de intentar negar algo que resulta una realidad: no existe un lugar autorizado para dar forma a la vida política del país. No.

Ésta se da en las universidades, las plazas, las juntas de vecinos, en la casa de cada familia. Allí debe nacer la política, la opinión. Negar esto sobre el prejuicioso mote de la “ideologización” es una forma desesperada de mantener la obsecuente ignorancia del pueblo, que a su vez permite que ellos, sí, aquellos por los que usted voto, puedan hacer lo que quieran a sus espaldas.

[ Por Jorge Morales ]
[ Ilustración: Leonardo Quezada ]

Por jorgerock | 12-09-2011 | , , , , , , , ,

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